miércoles, 2 de septiembre de 2015

1.1 Conforma una perspectiva de sí mismo a partir de la valoración moral de sus actos y que contribuya a la construcción de su identidad.

"Ser  joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica"
Salvador Allende

B. Construcción de Identidad personal y compartida
Uno de los procesos más importantes en este periodo de tu vida es el que lleva a la construcción de tu identidad. La construcción de la identidad es un proceso y no un hecho que ocurre una vez en nuestras vidas, en ocasiones los cambios a nuestra identidad son paulatinos, casi imperceptibles. En otras ocasiones, hay cambios que son más abruptos, más súbitos. Esto ocurre especialmente cuando las personas enfrentan, por alguna razón, situaciones difíciles sea en su vida personal, en su vida familiar, en su municipio, estado o en el país.
Piensa, por ejemplo, en lo que ocurre después de un huracán o un terremoto o alguna otra catástrofe, no sólo en México sino en muchos otros países. El resultado más obvio de estas catástrofes, casi siempre, es que la vida de las personas se pone en peligro y el alimento y/o el agua potable escasean. En esas situaciones, las familias, las comunidades y los municipios necesitan tomar decisiones difíciles. Racionar, por ejemplo, los alimentos o el acceso al agua potable. En esos contextos, si tú tienes hermanos o hermanas más pequeños que tú, seguramente los has ayudado y eso ha contribuido a formar tu carácter, tu personalidad y, en muchos sentidos, tu identidad.
Identidad: Conjunto de características y prácticas que hacen que una persona sea considerada o no como miembro de un grupo, gracias a la integración de sus capacidades vitales, incluidas las influencias sociales, en su ser.
Las identidades, al estar en cambio constante, van a ser muy distintas y que aun cuando compartamos algunas notas características como el uso del español para comunicarnos o el uso de ciertos modismos o de ciertos acentos, van a existir diferencias que pueden o no, ser importantes para definir los términos en que ocurre la interacción social, la manera en que se produce o no, el orden social.

Me respeto: respeto a los demás
Dado que no todos somos iguales y que más bien lo que es constante son las infinitas diferencias entre personas y grupos sociales, es importante que aprendamos a reconocer, aceptar y respetar las diferencias que existen entre nosotros y otras personas.
Aceptar las diferencias no es algo fácil, en la historia de la humanidad es posible encontrar ejemplos de la manera en que las diferencias (de color de piel, rasgos físicos del rostro, lenguaje, religión, acento, sexo, preferencias sexuales) han sido utilizadas como pretextos para agraviar a  quienes son diferentes.
Hay ejemplos claros de ello en la historia de México y otras naciones. En el México prehispánico, por ejemplo, los mexicas imponían severos impuestos y tributos a pueblos como los tlaxcaltecas en nombre de diferencias, más bien mínimas entre los dos pueblos.
A la llegada de los españoles, se presentaron situaciones similares, aunque en ese momento las diferencias se construyeron en función del uso de ciertas tecnologías (como la pólvora), el uso de un idioma como el español frente a las lenguas que se hablaban en lo que ahora es México. En la Nueva España se construyó un complejo sistema de diferencias sociales conocido como castas. La pertenencia a estas castas estaba definida en función de los orígenes de cada persona y servían para justificar la situación menos favorecida de una persona respecto de otras. Estos sistemas de clasificación de las personas de una sociedad, han existido en muchos países del mundo por distintas razones, e incluso—por ejemplo—en las actuales India y Bangladesh todavía existen.

Las sociedades modernas, que han desarrollado sus sistemas de organización política, económica y jurídica a partir de criterios como los que existen en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la Organización de Naciones Unidas, rechazan este tipo de sistemas de organización social en castas y postulan la necesidad de que todos seamos reconocidos y aceptados como iguales ante la ley.
Muchos de las diferencias que dan origen a grupos que se separan del resto de la sociedad surgen como resultado de diferencias económicas. En algunos casos, estas diferencias se presentan como un asunto de gusto o de preferencia, como en el caso de la moda que promueven las grandes casas de modas.
Todas estas diferencias, aun cuando son inevitables, pues todos tenemos gustos e intereses diferentes y porque existen personas que tienen más dinero que otras, no tienen porque convertirse en causas de exclusión o discriminación contra personas que actúan de manera diferente. El problema de las diferencias, luego entonces, no es el de las diferencias en sí mismas. Sino el problema es cómo manejamos las consecuencias de esas diferencias. 
Me acepto, acepto a los demás
Aunque pueda parecer difícil comprenderlo al principio, en muchas ocasiones los problemas que enfrentamos en la convivencia entre distintas personas y grupos humanos se deben, en alguna medida, a los problemas que muchos de nosotros tenemos para comprender las causas de la realidad en que vivimos o para aceptarnos tal y como somos, con atributos y defectos; con rasgos positivos y negativos.
En el plano personal, es necesario aprender a aceptarnos. Aceptar, por ejemplo, los rasgos físicos que nos hacen diferentes a otras personas, del mismo modo que aceptar, por ejemplo, que nuestra familia puede no ser tan rica o importante como nosotros quisiéramos que fuera.
Cuando no somos capaces de aceptar nuestra situación personal o familia o de entender por qué hay diferencias entre los ideales de las leyes y la realidad, se generan distintas formas de resentimiento. El resentimiento, una “intoxicación del alma” le llamó el filósofo alemán Max Scheler, genera dificultades para aceptarnos a nosotros mismos y dificultades para aceptar a los otros: su manera de ser, de vestirse, de actuar o de entender el mundo. No sólo eso, en más de una ocasión, se encuentra en el núcleo de muchos y muy graves problemas sociales. Aceptarte a ti, lo mismo que aceptar a otros, es una tarea importante, necesaria, que no podemos evitar y de la que dependen tu estabilidad emocional y personal, así como tu capacidad para actuar de manera eficaz en distintos ámbitos de la vida pública. Una sociedad en la que haya un mayor número de personas que se acepten a sí mismas, que sepan aceptar a otros, sin importar qué tan diferentes sean y en la que se sepan resolver las diferencias que existen entre los ideales de las leyes y la realidad cotidiana, es una sociedad que logrará reducir las injusticias y la desigualdad más rápidamente.
Participo, acepto la participación de los demás
Ante la realidad de los muchos problemas que afectan a las sociedades modernas y el número mayor de opiniones y puntos de vista que existen en torno a esos problemas, debemos ser capaces de aceptar las diferencias y reconocerlas como algo valioso, útil, que nos enriquece y que, si son procesadas de manera adecuada, pueden mejorar las soluciones de esos problemas. Muy frecuentemente encontrarás, en los medios, en las opiniones de amigos y familiares, que la solución a muchos de los problemas es de unidad. El problema, desde luego, es que la unidad no puede imponerse, ni forzarse. La unidad en sociedades complejas y modernas no es, ni puede ser, unanimidad forzada o impuesta.
Lo que es necesario, en cambio, es reconocer las ventajas que nos ofrece el diálogo y la negociación y trabajar con esas dos herramientas para lograr la solución a los problemas que nos afectan. Ello sólo es posible cuando cada uno de nosotros reconoce, por una parte, lo importante de su propia participación en la vida pública de su comunidad, su municipio, su estado y del país y, por la otra, que la participación de todas las otras personas es igualmente importante en todos esos ámbitos de la vida pública.
Si renunciamos a la participación o si negamos la posibilidad para que otros participen o si, aún peor, tratamos de imponer una falsa unanimidad en el análisis o en la solución de los problemas que nos afectan lo único que garantizamos es que los problemas no se van a resolver. Muy por el contrario, estos problemas no resueltos generarán otros problemas más graves que harán más compleja y difícil la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
Cuando renunciamos a la participación en la vida pública o cuando alguien trata de impedir la participación de otros en la vida pública, lo que se generan son escenarios de represión, de simulación y de conflicto latente, que tarde o temprano tendrán consecuencias graves para la comunidad en que ocurren ese tipo de situaciones.

ACTIVIDAD

1. Lee con mucha atención el texto.
2. Señala las palabras que no conozcas y búscalas en el diccionario. 
3. Destaca las ideas principales del texto y anótalas en tu cuaderno. 







Información tomada de:
Desarrollo Ciudadano 1er. semestre.  Conalep. SEP.  Disponible en red académica Conalep